Al ver a Víctor acercarse, Luna se asustó y, instintivamente, se escondió detrás de Leandro. No sabía en quién más confiar en ese momento, solo podía depender de él.
—Ay, mira lo que has hecho, ¡tus bonitas ropas están arruinadas! ¿Cómo vas a volver así?
Víctor chasqueó los dedos y, al instante, un hombre con aspecto de mayordomo se acercó.
—Señor, ¿qué desea?
—Lleva a esta señorita a una habitación para que se cambie de ropa y llama un coche para que la lleve a casa —dijo Víctor con un brillo a