En la otra parte, en la mesa, la ausencia de Teresa y Celia dejó varios asientos vacíos.
Julio giraba un anillo de jade en su pulgar, con sus ojos afilados observando a su alrededor. Conocía bien al viejo: si se interesaba por algo, haría lo que fuera para conseguirlo, incluidas las mujeres. No podía ser tan sencillo que Víctor dejara escapar a Luna. Se sentía algo molesto y también intrigado. Pero no podía desafiar al viejo, después de todo, la fortuna de la familia Fernández aún no estaba en s