La mirada de Leandro se oscureció de repente, y con un empujón brusco, alejó a Luna de él. Ella fue a caer contra la puerta del coche, su cabeza golpeando con fuerza el cristal de la ventana. El dolor la hizo soltar un pequeño gemido. Leandro ni siquiera se dignó a mirarla.
—¿Quieres casarte con la familia Fernández? Es ridículo, un sueño.
Luna se frotó la cabeza, temiendo haberse hecho un moretón. Apoyada contra la puerta, se acomodó el cabello largo y optó por el silencio.
Yael aceleró, y el t