Yael condujo con sumo cuidado. Era la primera vez en su vida que deseaba que el trayecto fuera lo más corto posible, que llegara a su destino lo más rápido que pudiera. No se atrevía a hablar, ni siquiera a interrumpir. Apenas podía respirar, eso era un lujo. A pesar de estar en el asiento delantero, podía sentir la intensa frialdad que emanaba de Leandro detrás de él. No pudo evitar sentir preocupación por Luna.
¿Cómo conocía el señor Fernández a Luna? Por lo que había escuchado, su relación er