(NARRADO POR KEELEN)
El rugido de los motores cambió de tono, volviéndose un zumbido grave que vibraba en mis costillas mientras el avión médico iniciaba el descenso hacia Houston. A través de la pequeña ventanilla, solo veía un mar de luces infinitas, un mundo nuevo y extraño que no me importaba en absoluto. Mi mundo se había quedado atrás, roto en mil pedazos por mi propia mano.
Giré la cabeza con dificultad. Artemises estaba sentado en el estrecho asiento junto a mi camilla. Tenía el teléfon