Mundo ficciónIniciar sesiónEl despacho de Giorgos estaba sumido en una penumbra artificial, con las persianas medio cerradas para evitar el sol abrasador de la mañana ateniense. Sobre su escritorio de caoba, el resplandor de dos monitores iluminaba su rostro cansado y las ojeras que empezaban a parecerse a las mías. El aire acondicionado zumbaba con un ruido monótono que solo lograba ponerme más nervioso.







