(NARRADO POR KEELEN)
El aire de Arachova por la tarde era como un tónico. Después de días encerrados en la cabaña, el contacto con el mundo exterior se sentía extraño, casi eléctrico. Eira caminaba a mi lado, y aunque todavía había una ligera rigidez en su andar —un recordatorio físico de mis "excesos" de las noches anteriores—, lucía una seguridad que me inflaba el pecho de orgullo. Llevaba un vestido de punto color crema que abrazaba sus curvas, y cada vez que el sol golpeaba la esmeralda en