(NARRADO POR EIRA)
El mundo se sentía como si estuviera hecho de algodón y fuego. Intenté abrir los ojos, pero la luz que se filtraba por las cortinas del ático se clavaba en mis pupilas como agujas de cristal. Tenía la garganta en llamas y cada vez que intentaba tragar, sentía que estaba pasando trozos de lija. Pero lo peor no era el dolor físico; era la presión en mi pecho al recordar que hoy era el día. El viaje a Creta. El viaje que Nikos había planeado y que Keelen tanto detestaba.
—Eira.