(NARRADO POR KEELEN)
El rugido del motor era lo único que llenaba el silencio entre nosotros mientras conducía hacia el sur, alejándome del bullicio de la Plaka y del eco de la risa de Nikos Sterling. Necesitaba aire, salitre y espacio. Estacioné el coche en un pequeño acantilado cerca de la costa de Glyfada, donde el mar Egeo golpeaba las rocas con una fuerza que imitaba la adrenalina que aún corría por mis venas tras mi primer día de regreso al campo.
Apagué las luces. El cielo sobre nosotro