(NARRADO POR KEELEN)
El sol de Texas golpeaba el capó de la camioneta de Artemises mientras abandonábamos el hospital. Tenía el alta médica bajo el brazo, un andador plegado en el maletero y una columna que, aunque seguía sintiéndose como si estuviera reforzada con vigas de construcción, me permitía mantenerme en pie lo suficiente para ser un estorbo encantador.
Eira iba en el asiento del copiloto, mirando por la ventana con una rigidez que gritaba "estoy aquí por obligación". Yo, desde el asi