(NARRADO POR KEELEN)
La oscuridad del dormitorio estaba segmentada por las lamas de las persianas, proyectando sombras alargadas sobre la colcha. Eira seguía dándome la espalda, una barrera de seda y terquedad que se sentía a kilómetros de distancia a pesar de que solo nos separaban unos centímetros de colchón. El aire acondicionado zumbaba con monotonía, pero mi interior era un caos de electricidad y asombro.
Había tenido miedo. Un miedo atroz que no le había confesado ni a Karalis, ni a Marc