El movimiento fue demasiado brusco. Mi cuerpo, sin el andador y con el titanio en la espalda, no estaba listo para la fuerza de torsión. Perdí el equilibrio por completo. Ella, al sentir el tirón en la muñeca, también tropezó con su propio pie.
—¡Ahhh! —gritamos los dos al unísono.
Lo que siguió fue una escena de comedia slapstick digna de los Tres Chiflados. Yo caí hacia adelante, arrastrándola a ella conmigo. Ella intentó soltarse, lo que solo provocó que ambos rodáramos por el suelo en una a