Esta vez, fue Beatriz quien se quedó en silencio.
Mucho después, dijo con lentitud:
—Él… falleció.
…
—¿Que falleció? —preguntó Miranda, sorprendida.
Al salir de la casa, Miranda había subido a Ana a su carro para ir a un centro comercial cercano.
El trayecto era de unos quince minutos, y como no quería que pasaran todo el tiempo en un silencio incómodo, se puso a platicar con ella. Más que una conversación, era un interrogatorio.
Ana era una chica sencilla y honesta que respondía a todo lo que