Capítulo 5

Al día siguiente, el sol radiaba en lo alto, y su luz, filtrándose a través de la exuberante vegetación de la zona residencial, traía consigo la claridad de un cielo recién lavado por la lluvia.

Miranda abrió los ojos e intentó incorporarse apenas un par de centímetros, pero volvió a dejarse caer sobre la almohada.

Un brazo firme le ceñía la cintura, inmovilizándola. No es que tuviera muchas ganas de moverse; sentía el cuerpo dolorido y una ligera hinchazón y un hormigueo persistente bajo el vi
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