La Parca
La decisión que acaba de pronunciar aún flota en el aire, pesada, irrevocable. Sus palabras "de acuerdo, intentaré" resuenan en mi mente como un hierro candente. Ella aún no lo sabe, pero esta frase ha sellado su destino. No hay vuelta atrás. A partir de este momento, me pertenece.
La guío en silencio por el pasillo. Mis pasos son lentos, controlados, mientras que los suyos titubean, casi deslizan como si sus piernas se negaran a sostenerla. Cuando finalmente cruzamos el umbral de la habitación, la puerta se cierra detrás de nosotros con un golpe sordo. Ese sonido resuena como un hacha, aislando definitivamente este momento del resto del mundo.
El espacio está bañado en una luz tenue, cálida, pero que no logra disipar la sensación de opresión. La inmensa cama, cubierta con telas oscuras, se erige en el centro como un altar. Todo en esta habitación respira intimidad... pero también cautiverio.
Me vuelvo hacia ella. Mis ojos se clavan en los suyos con una intensidad que la para