Louis
La arrastro al centro de la sala, en medio de miradas curiosas, lascivas o envidiosas. Cada paso que damos juntos sella aún más su sumisión y mi posesión. Las conversaciones cesan poco a poco. Todas las miradas están puestas en ella… en nosotros.
La siento temblar contra mí, y este escalofrío me electriza tanto como me enfurece. La codician. Se atreven a posar sus ojos en lo que me pertenece.
Un chasquido seco resuena. Soy yo quien aplaude para llamar su atención.
— Acérquense, señores. Vengan a admirar lo que jamás podrán poseer.
Anna
Mi corazón se detiene. Me exhibe. Me muestra como un trofeo. Y sin embargo… una parte de mí arde de excitación bajo su voz de acero.
Unos hombres se adelantan, apenas disimulando su apetito. Uno de ellos se acerca demasiado. Con una sonrisa insolente en los labios.
— Dicen que tiene la piel suave… ¿Puedo… acariciar este tesoro?
Retengo el aliento. Louis no responde. Su mirada se ensombrece. El silencio se vuelve insostenible.
Y de repente, actúa.