Mi corazón se detuvo un segundo. Mis labios se entreabrieron, el aire me faltó. No... no otra vez. Me había hecho ilusiones...
—Me encantas —añadió firme, tomando mi rostro entre sus manos —. Gustar es demasiado poco para lo que tú me haces sentir, Vera.
Suspiré aliviada, negando con la cabeza. Incluso apreté los ojos, y la risita me salió temblorosa.
—Casi me matas del susto...
—¿Por qué te preguntas algo así? ¿Cómo puedes dudarlo siquiera? —preguntó, una media sonrisa surcaba sus labio