Thomas estaba en mi despacho. Tenía la tablet en una mano, el ceño ligeramente fruncido, leía el último informe que le habían enviado los abogados. Yo permanecí apoyado contra el escritorio, escuchándolo atento, pero ya con la mandíbula tensionada desde que pronunció la primera palabra.
—Entonces... ¿Están alegando inestabilidad psicológica? —bufé.
Thomas asintió.
—Tienen registros médicos. Supuestamente, estaba bajo tratamiento desde antes de lo ocurrido. Y además, según los informes toxicológi