—Leo, mi amor, soy yo —supliqué—. Soy Vera, soy tu esposa…
Su mirada oscilaba entre el doctor y yo, perdido.
—Estamos esperando a nuestra bebé… Alaric… está en casa… le diré a Agnieszka que lo traiga para que lo veas, ¿sí? —mis palabras salían atropelladas, —. Leo… mírame… soy yo, soy yo…
Él apretó los ojos, se giró levemente, rechazando el sonido, llevándose una mano a la sien.
—Vera —intervino el doctor, poniéndome una mano en el hombro—. ¿Podrías esperar un momento afuera?
Mis piernas no reac