Caminó hasta donde estábamos.
—Vera —habló despacio—. Ven conmigo.
—¿Qué? —murmuré, confundida.
Avanzó dos pasos más deteniéndose frente a mí. Sentí la mirada de Adrik perforándome la espalda.
—Te dije que vengas conmigo — sujetó mi brazo nada fuerte, fue más como una indicación.
—Suéltame —repliqué, zafándome de su mano—. ¿Qué crees que haces? Estoy trabajando, Leo.
Sus cejas se fruncieron, su expresión tornándose más tensa. Bufó incrédulo.
—¿Tra...Trabajando? —repitió, ladeando su rostr