Tomé mi móvil, un libro cualquiera de la repisa y salí de ahí. No iba a dormir con él, ni mucho menos estar cerca de él. Me encerré en la habitación de Alaric. Urgía marcar un límite para no sucumbir a la tentación de arrepentirme. ¿Cómo se detiene un corazón que aún late por un asesino manipulador? Lo que Leo hizo estuvo mal. Y no tenía intención de dejarme convencer.
El cuarto estaba oscuro, en calma. La nodriza venía de vez en cuando a ofrecer ayuda, pero le pedí que descansara. Yo me enc