El silencio pesaba. Thomas salió del despacho tras una indicación de Leo con la cabeza.
Apoyé la bandeja sobre la cómoda.
—Creí que estabas descansando —mencionó como si nada.
—No trates de cambiar el tema —espeté de inmediato, señalándole en advertencia.
—Vera...
—Te escuché. Estaban hablando de una mujer, Leo. ¿Hay otra mujer?
Suspiró. Lento. Largo. Esa pausa me reventó la única neurona que tenía medio funcional hoy.
—Sí —admitió al fin—. Pero no es lo que piensas.
Solté una carcajada