Apoyé el sobre encima del escritorio. Me alejé, volví, lo revisé por quinta vez. No había cambiado. Ese resultado seguía ahí.
Pasé los dedos por el cabello, halándolos brevemente. Perdí la cuenta de cuántas veces había leído esa frase.
No podía ser.
Dejé caer mi cuerpo en el sofá. Necesitaba respuestas. Solo una persona podía explicarme con certeza lo que significaban esos resultados.
Tomé el móvil, marqué el número de la doctora Amsler. No solía llamarla directamente, pero esta vez no podía esp