Sin embargo, mi éxtasis no duró más que unos segundos, porque pronto el cinturón de Ares volvió a tocarme la piel, esta vez con un poco más de fuerza, haciendo el sonido chasqueante sonar cuando el cuero golpeó mis manos, alejándolas. Me di cuenta de lo que estaba haciendo, y me eché para atrás, apoyé mis palmas en el suelo mientras usaba mi mirada para suplicar.
—Déjame tocarte. —Pedí, viendo a Ares deslizar sus dedos sobre el cinturón mientras me estudiaba con sus ojos oscuros. —Por favor.
Si