La pulsera, el conejo de peluche y la gargantilla que me regaló Ares estaban todos escondidos en mi armario, porque no tuve el valor de deshacerme de ellos, pero tampoco podía soportar verlos. Y, sin embargo, todo en mi habitación todavía estaba impregnado de los recuerdos de cuando él dormía allí conmigo, lo que hizo que el dolor, el anhelo y la ira fueran aún mayores.
—Esa cosa grande parece un buitre. —Refunfuñó Nataly, mirando a John que estaba escondido en el costado de las gradas, mirándo