—Ah, por el amor de Dios, Maya casi estaba gritando hace diez minutos, ¡¿pero no puedo hacer un ruido por accidente?! —Me quejé mi amiga y abrí los ojos cuando me di cuenta de que habían llegado a tiempo para escuchar algo.
—¡Solo cállate, no molestes!
—Ya terminaron, infierno, ¿no escuchaste ese último gemido alto? ¡Eso pasa cuando vacías el pene!
—Dios mío… —Murmuré, avergonzada y riendo, cuando escondí mi rostro aún más contra la piel de Ares, quien también rió un poco antes de cerrar finalm