Ares repitió el movimiento en una masturbación lenta y yo gemí en el aire cuando levanté mi rostro y vi que él me miraba, desde arriba, con sus ojos oscuros completamente tomados por el deseo.
Sin intentar contener el impulso, dejé que mis manos alcanzaran su erección y comencé a masturbarlo, sin dejar de mirar su rostro, atenta a cada suspiro que dejaba escapar cuando mis dedos pequeños lo estimulaban.
Su mano entonces tocó mi cintura y me guió para que me acostara otra vez, con su cuerpo sobr