Atrapada con la guardia baja de nuevo, Ares golpeó mi culo con el cinturón en el mismo lugar.
—¿No qué?
Mordí mi labio, tratando de no hacerlo demasiado obvio cuando intenté frotar mi intimidad contra la almohada nuevamente.
—No, señor.
—A veces parece que sí. —Respondió, moviendo los dedos de una mano hasta deslizarlos entre mis nalgas, desde la base de mi espalda baja hasta mi entrada, pero sin presionarla. Luego movió su mano un poco más, dejando solo su dedo medio para burlarse de mí con mo