—Si sigues hablando así, parecerá que estás celosa. Será mejor que te detengas. —Advertí, abriendo la cámara frontal del celular para ver el resultado de mi cabello. —Podrías terminar dándole esperanzas.
Nataly se quedó en silencio por un rato hasta que de repente golpeó una almohada, lo que me asustó.
—¡Lo sé, maldición! Ni siquiera puedo decir nada porque después de lo que pasó entre nosotros, terminará pensando eso, pero, joder, no estoy celosa.
La miré, entonces, con sospecha. —¿Qué quieres