La noche trajo calma. Después de dormir a Lían, se sumergieron en la piscina infinita. Korina apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el latido sereno que contrastaba con sus dudas.
— Mañana es tu cumpleaños — Le recordó él.
— Sí… hubiera querido pasarlo con mamá y Samanta —
— ¿Y conmigo no te gusta? —
— Claro que sí — Respondió enseguida, con una sonrisa tímida — Pero ellas son mi familia —
— Mañana te consentiré tanto que no las extrañarás —
Ella rió, aunque por dentro sabía que había un tema pendiente — Darío, necesito que conversemos… —
— Lo haremos después de cenar. Quiero verte arreglada para esta noche —
Y cumplió. Con un vestido azul oscuro que realzaba su figura y un maquillaje delicado, Korina parecía otra. Al verla, Darío se quedó mudo.
— Te ves hermosa —
— Me parece demasiado… —
— No, es perfecto. Esta noche mereces brillar —
La llevó al restaurante, donde la terraza había sido reservada solo para ellos. La vista era imponente, las luces de la ciudad extendiéndo