Korina le gustó que tomara sus manos y le diera un beso — De igual manera te quiero cerca y de todos modos eres hermosa, nada difícil de saber que eres mi dama —
Ese comentario la trajo a la realidad, sin embargo, estaba el amargo sabor de que tan solo era su dama de compañía.
— ¿Pasa algo? —
— No, solo debo terminar de arreglarme —
— Entonces dejo que termines y vengo por usted para que entremos juntos a la actividad Korina —
— De acuerdo — Don Darío le dio otro besó.
La puerta se abrió de gol