Korina le gustó que tomara sus manos y le diera un beso — De igual manera te quiero cerca y de todos modos eres hermosa, nada difícil de saber que eres mi dama —
Ese comentario la trajo a la realidad, sin embargo, estaba el amargo sabor de que tan solo era su dama de compañía.
— ¿Pasa algo? —
— No, solo debo terminar de arreglarme —
— Entonces dejo que termines y vengo por usted para que entremos juntos a la actividad Korina —
— De acuerdo — Don Darío le dio otro besó.
La puerta se abrió de golpe, y Farid apareció con gesto apurado — Jefe, los primeros invitados están llegando —
Don Darío dio un paso atrás, recobrando su firmeza de inmediato. Tomó la máscara dorada, se la colocó con calma y, antes de salir, deslizó la otra máscara en las manos de Korina.
— Póntela. Esta noche nadie tiene que ver lo que siento por ti —
Ella lo observó marcharse, el corazón latiendo con fuerza, con la máscara en sus manos… y la certeza de que estaba cada vez más atrapada en aquel juego peligroso entre e