Maritza bajó la voz, pero su frase salió cargada de dolor: — Te extraño… y Lían también lo hace —
Korina no contestó. Simplemente se dio la vuelta y entró a su habitación, dejando un silencio denso tras de sí.
Samanta, que cuidaba a Lían en la sala, observaba en silencio. Maritza se giró hacia ella: — ¿Opinas igual? —
— Iré a conversar con ella, quizás me escuche —
Esperando que saliera de la habitación antes de que entre al baño, temía por su reacción, pero era bueno conversarlo y Korina es