Maritza bajó la voz, pero su frase salió cargada de dolor: — Te extraño… y Lían también lo hace —
Korina no contestó. Simplemente se dio la vuelta y entró a su habitación, dejando un silencio denso tras de sí.
Samanta, que cuidaba a Lían en la sala, observaba en silencio. Maritza se giró hacia ella: — ¿Opinas igual? —
— Iré a conversar con ella, quizás me escuche —
Esperando que saliera de la habitación antes de que entre al baño, temía por su reacción, pero era bueno conversarlo y Korina estaba en un punto crítico, casi irreconocible.
Samanta dudó un momento, pero luego habló con franqueza — Es bueno que no dejes que te vean como una tonta… pero un equilibrio sería lo ideal. Y es triste, Korina, que no hayas ayudado a la señorita Heisel. Cuando te recomendé ser dama de compañía, te dije que no te veía en un club. No esperaba que llegaras a ese extremo… Esos lugares son para mujeres u hombres que realmente lo eligen, o bajo una necesidad extrema. Algunas por drogas, otras por dine