Mientras Maritza se disponía a salir, él se acercó al escritorio, abrió una gaveta y sacó con cuidado un pequeño estuche. Dentro, la cadena con el As de Corazones. La guardó en el bolsillo de su pantalón.
Al acercarse por detrás de la silla de ruedas, ocultó discretamente la cadena sobre el forro, como si depositara allí una promesa silenciosa.
Al bajar, Don Darío miró con evidente molestia a la señorita Heisel. Su mirada era fría, cortante, como si en ella llevara toda la rabia contenida.
— Solo quiero saber una cosa y las dejaré libres — Dijo con un tono que no admitía réplica.
Heisel tragó saliva, inquieta — Escucho —
— ¿Es cierto que Don Miguel también estaba involucrado en la separación de nosotros?, será mejor que no mienta o me arrepentiré de dejarlas libres —
Ella bajó los ojos, con miedo de decirlo, pero ya no podía ocultarlo más — Sí… y me preocupa que nos haga algo al confesar esto —
El gesto de Don Darío se endureció aún más, un fuego de venganza se encendía en sus p