El sol tímido de Escocia apenas asomaba entre las nubes cuando la familia salió a recorrer los campos que rodeaban el castillo-hotel. El césped estaba húmedo por el rocío y el aire olía a tierra fresca y flores silvestres. Lían corría con pasos torpes, a punto de cumplir dos años, con una chaquetita de lana que lo hacía parecer un pequeño lord escocés. Darío lo seguía de cerca, a veces levantándolo para que no tropezara con las piedras del camino.
— Mira, Kori — Dijo Darío señalando al horizon