Korina, con un vestido sencillo pero elegante, caminaba por los pasillos junto a Andrea y Lucía.
— Recuerden — Les decía mientras señalaba los módulos de servicio — Aquí lo importante no es solo la técnica. Lo que distingue a un buen spa es que el cliente se sienta tratado con respeto, como persona —
Uno de los empleados, un hombre mayor con ceño fruncido, levantó la mano — ¿Y si un cliente se pone exigente y hasta grosero? —
Korina respiró hondo, y con voz firme respondió: — Entonces lo tratamos con cortesía… pero sin permitir que nos humille. Aquí nadie, absolutamente nadie, va a pasar lo que yo pasé alguna vez —
Un silencio incómodo se hizo. Andrea y Lucía se miraron entre sí, orgullosas. El resto de los empleados asintió lentamente, entendiendo que esa mujer joven no era solo “La esposa del dueño”.
Lucía sonrió con complicidad: — Se te nota el espíritu de Doña Teresa, pero con tu propio carácter —
Korina sonrió apenas, pero sus ojos brillaban. Por dentro, sentía que estaba da