En un rincón oscuro de la prisión, donde Miguel planeaba su fuga, Heisel logró hablar a solas con Antonio.
El hombre se veía demacrado, la mirada endurecida por el tiempo en la cárcel, estaba muy diferente a las fotos mostradas cuando estaba con Korina.
— Antonio… — Empezó ella, seria y tenía la necesidad de que comprendiera qué debía dejarla ir— ¿Qué ganas con todo esto?, ¿De verdad quieres seguir siendo el perro fiel de Miguel?, ¿Acaso ya no le has hecho demasiado daño a Korina y a su hijo?,