En un rincón oscuro de la prisión, donde Miguel planeaba su fuga, Heisel logró hablar a solas con Antonio.
El hombre se veía demacrado, la mirada endurecida por el tiempo en la cárcel, estaba muy diferente a las fotos mostradas cuando estaba con Korina.
— Antonio… — Empezó ella, seria y tenía la necesidad de que comprendiera qué debía dejarla ir— ¿Qué ganas con todo esto?, ¿De verdad quieres seguir siendo el perro fiel de Miguel?, ¿Acaso ya no le has hecho demasiado daño a Korina y a su hijo?, la has dejado muy lastimada, la vi llorando, desesperada, preocupada y siendo valiente a pesar de que todo le ha jugado en contra, dime ¿Ella lo merece? —
Antonio la miró con desdén — Ese niño es mío, Heisel. Y no voy a permitir que otro lo críe como si fuera suyo —
Heisel dio un paso adelante, sin miedo e indignada — ¿Mío? — Repitió con ironía — Cuando Korina más te necesitaba, la dejaste tirada. ¿Ya olvidaste que lloraba cada noche con un bebé en brazos, porque tú preferiste a otra?, ¿Olvidas