En la profundidad del infierno:
El Abismo Inferior vibraba como si respirara.
Las paredes palpitaban, el suelo ardía, y cada sombra parecía un animal esperando saltar.
En medio de ese caos, Jaik se mantenía en pie, jadeando, observando su mano derecha, donde una marca azul, luminosa y viva, ardía como un fuego celestial corrompido.
La marca que siempre había tenido, pero nunca había visto, hasta ahora se activo….
Frente a él se alzó el Demonio Mayor, el mismo que había marcado a Dorth siglos atrás.
Una criatura gigantesca, una montaña de músculos y venas negras, con cuatro ojos amarillos que parpadeaban en ritmos distintos y una boca que se abría en todas las direcciones posibles.
El Demonio Mayor lo reconoció al instante.
—Hijo del foso… por fin has venido —rugió—. No puedes ocultarte más.
Jaik apretó los dientes.
—No sé quién eres…ni qué soy yo…pero no dejaré que te acerques a Liyeth.
El demonio rió, un sonido que hizo temblar la piedra bajo sus pies.
—Oh, Jaik