Massimo no pensaba rendirse. Sabía que había cometido errores imposibles de borrar, que el daño estaba hecho y que, por más que insistiera, Alba podía no perdonarlo jamás. Pero también sabía que si tenía una mínima oportunidad, debía tomarla, al menos para arreglar las cosas un poco. Si lo admitía, él quería verla reír de nuevo, quería volver a ser parte de esa vida que un día compartieron, incluso si tenía que ganárselo todo desde cero.
Esa tarde, Alba aceptó su propuesta de pasar un día famil