El atardecer caía sobre la colina con un resplandor dorado, y el jardín que tantas veces había sido testigo de silencios incómodos y lágrimas se vestía ahora de flores blancas y guirnaldas sencillas.
No era una boda, no necesitaban etiquetas ni grandes preparativos. Era algo más íntimo, más profundo: una renovación de promesas, un recordatorio de que habían sobrevivido al pasado y habían elegido el presente juntos.
Alba caminaba hacia él con un vestido ligero, nada ostentoso, pero Massimo la m