Desde aquel momento en el camerino, Massimo había desaparecido como si Alba le hubiera lanzado una maldición. Se esfumó. Ni un mensaje, ni una mirada. Nada. Y claro, como era su costumbre, no tardó en correr tras Lía.
Foto, tras foro aparecía en las redes, Lía sonreía, pegada a Massimo como una garrapata feliz. En la imagen, estaban en lo que parecía una cena elegante. Él se veía serio. Ella, triunfante. Alba dejó el móvil sobre el tocador de maquillaje del set y suspiró con una mezcla de hastí