Luego de una semana de larga espera, sueño y cansancio, Killian logró someterse al procedimiento sin mayores inconvenientes, más allá de las molestias esperadas y la incomodidad de las agujas junto al catéter que debían introducir para drenar el líquido de sus pulmones.
Agradecieron no haber tenido que recurrir a la anestesia general y que el líquido no hubiera aumentado de volumen. Solo restaba que se recuperara del proceso de invasión entre sus costillas, pues la sibilancia en sus respiracion