Vittore subía a su coche para visitar a su padre, que aún se hallaba en el nosocomio.
Ya habían pasado varias semanas y todavía estaba en coma. Cada día que transcurría, el anciano se desmejoraba. Imaginaba que, después de todo, no tendría que ayudar al destino a acelerar los resultados para una muerte completamente exitosa y que lo libraría de tener que recurrir a métodos que lo implicaran.
La familia Rossetti, con quienes había comenzado a cruzar lazos, estaba apresurando los futuros movimie