Regresó a casa luego de llevar a su hermano al colegio otro día más. Afortunadamente, ese día no había tenido que luchar por despertarlo: se levantó de buen humor y voluntariamente se apuró en el cambio de ropa. Quizás el reencuentro con sus amigos lo había animado el día anterior para volver a sus estudios.
Buscó en su bolso, en su libreta y entre sus cosas personales la tarjeta de presentación de Mario Brunetti. Estaba decidida a llamarlo, pues si iba a la sede de su empresa perdería mucho ti