Luego de liberarla de su abrazo fogoso, notó en sus ojos la indignación de su rostro, lo que solo resultó en una sonrisa de satisfacción para él.
No se cansaría de dejar su marca en ella, ya fuera en la intimidad o delante de todo un público. No podría esconderse por más que lo intentara. Era suya.
Aunque no le había dado todos los detalles, tendría que acostumbrarse a su presencia ardiente todo el tiempo que estuviera con él, así fueran días, semanas o meses. No iba a permitir que su propósit