Fueron los segundos más cortos de su vida.
Su cerebro se esforzaba por salir de ese espacio en blanco. En el que se había quedado estancada.
Nada pasaba por su mente.
Quedó paralizada.
Con tan solo una pregunta.
Una pregunta que creyó haber oído mal... ¿no? ¿Se estaba burlando de ella en su momento más angustiante?
La habitación parecía abrumarla. El blanco pulcro de sus paredes se hacía más y más extensa.
Sus oídos casi podían empezar a zumbar con el eco del nombre Killian al final.
Estaba más confusa.
Sin comprensión alguna.
Solo sabía que su corazón se detuvo por un segundo, aplastando su pecho con suma presión.
Sin embargo, no era un golpe bajo ni un estado de shock. Pero definitivamente fue la sorpresa jamás esperada.
Un hombre multimillonario le había pedido… ¿qué? ¿Había oído bien?
—¿Qué? —fue todo lo que pudo decir en un jadeo o un susurro.
—¿Has oído algo de lo que dije?
—Eso creo, pero ¿y tus demás mujeres? Tienes de a montones para elegir, yo...
Valentino se cruzó de brazos