Salió del estacionamiento con ira en los ojos, en el cuerpo, en la mente y en cualquier lugar donde cupiera esa emoción.
Se acomodó en el vehículo sin ceremonias. Golpeó el volante para descargar el enojo que lo consumía. Incluso rompió una de las vallas que le impedían la salida. ¡A la mierda todo el que quisiera detenerlo! No habría palabras pacíficas para aplacar el enojo que sentía. Ese día parecía que todos estaban programados para fallar en hacer un único trabajo.
Mantener a la vista a e