Regina Meyer miró sin emoción los alrededores de la casa mientras esperaba a que sus acompañantes regresaran de inspeccionar si la vivienda se encontraba en condiciones. Decidió investigar ella misma una de las habitaciones, que parecía ser la de un niño, haciendo resonar sus zapatos de tacón por todo el recinto.
Observó el cortinaje, la pequeña mesita que hacía de escritorio, dos sillas sobre las que había ropa doblada prolijamente, la caja de juguetes en una esquina, una mesita de luz desgastada pero limpia. Se acercó a ver los tomacorrientes para revisar que no hubiera cables sueltos o expuestos. Abrió el pequeño ropero que desprendió un aroma a lavanda. Levantó las mantas de la cama para comprobar cuántas cobijas tenía para cubrirse.
Todo, en ese aspecto, parecía estar en correctas condiciones.
"Mmmm... vaya. Todo en su lugar.", pensó.
Miró el techo, las paredes, los dibujos y los pósters de zombis que decoraban el fondo celeste llevando la mirada hasta el suelo y… una fina y os