El regreso fue como caminar directo hacia una tormenta. Desde que me senté en el avión no dejé de preguntarme si estaba cometiendo el peor error de mi vida. Samara dormía recostada en mi hombro y Samira miraba por la ventanilla como si el cielo fuera un cuento nuevo. Yo, en cambio, tenía el corazón lleno de ruido.
Minutos antes de despegar había cometido la estupidez de escribir su nombre en la red.
Caleb Evans.
Ahí estaba su rostro perfecto, su sonrisa arrogante, encabezando rankings, inaugura