“Y este hijo que espero, es suyo”. Aquella frase se repitió como un eco lejano en la mente de Macarena. Sintió que le falta el aire y no podía moverse, estaba inmóvil, sin palabras.
Marlene respiró hondo antes de continuar. Sus manos temblaban mientras acariciaba su vientre, como si necesitara aferrarse a algo para poder mantener aquella cruel mentira.
—No vine a hacer un escándalo —dijo con la voz quebrada—. Vine porque no entiendo qué pasó. Él me prometió algo.
Macarena permanecía en silenci