Jeremías regresó a su casa ya entrada la tarde. Apenas cruzó la puerta, percibió un silencio extraño. Desde temprano cuando le avisó a Macarena que no iría a almorzar, ya que debía resolver un asunto con la junta directiva de la empresa, notó cierta frialdad en el tono de su voz. Ahora al verla en la sala, sentada, con las manos entrelazadas y distante sintió que algo estaba mal.
—¿Todo bien? —preguntó él, dejando las llaves sobre la mesa de centro e inclinándose para besar sus labios.
Ella v